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MODA ECOLÓGICA

El negocio sostenible que queremos proponer hoy tiene que ver con la industria de la moda circular, y por ella entendemos, la moda que no deja residuos ni una estela de contaminación en el ambiente durante ninguna de sus fases de producción ni al final de su vida útil. Aunque existen algunas marcas de ropa con sello de sostenibilidad, hay que decir que realmente son escasas y no tan fáciles de encontrar en el comercio como nos gustaría; así que la consigna es que la industria de la moda sostenible prolifere, y sea la regla y no la excepción.

Para entrar en materia, hay que decir que cualquier emprendedor que quiera ser responsable en la esfera de la moda, debe observar desde el principio unos mínimos en torno al diseño y operación de su empresa que la hagan realmente circular. Para empezar, debe cuidar que todos sus insumos, telas, tejidos, hilos, accesorios y demás sean:

 

  • Biodegradables (si son sintéticos que sean 100% reciclados)

  • Cultivados según principios agroecológicos

  • Producidos y manufacturados localmente

  • Tratados naturalmente

 

Para hacer moda sostenible, la materia prima utilizada debe ser preferentemente un material biodegradable como el algodón, el lino, el cáñamo, la lana o similares, de alta calidad y máxima duración. Si el objetivo es hacer moda circular, la prenda debe durar el máximo tiempo posible, y ser totalmente compostable (degradarse por acción de los microorganismos) al final de su vida útil. De allí que la llamemos circular. Si se pretende incursionar con telas sintéticas, éstas deben ser 100% recicladas a partir de botellas o plásticos de segundo uso, o provenir de ropa usada reformada como una nueva prenda. Sin embargo, recuerda que el lavado de las prendas sintéticas arroja millones de micropartículas al agua tras cada ciclo y, por ende, aunque es mejor convertir las botellas en vestuario una vez acaben su vida útil, lo mejor de todo sería dejar de producirlas definitivamente. Así que si piensas emprender en temas de sostenibilidad en la moda ya sabes que los materiales biodegradables de máxima duración son el tipo de materiales en los que debes apalancar tu industria.

El segundo criterio se refiere a que las telas, hilos, tejidos, accesorios y demás insumos deben ser producidos agroecológicamente, es decir, siguiendo todos los estándares de la producción limpia: el cuidado del agua, control biológico de plagas, evitación de agrotóxicos y sustancias corrosivas. El algodón, por ejemplo, aunque sea un material biodegradable, cuando no proviene de cultivos orgánicos, es sumamente antiecológico, intensivo en demanda de agua y en uso de fertilizantes químicos y pesticidas. Otro aspecto a tener en cuenta dentro de los principios agroecológicos o regenerativos es que cuando la materia prima provenga de animales, éstos sean criados bajo los estándares de bienestar animal: libre pastoreo, alimentación balanceada, libres de incomodidad, estrés y dolor. El comercio de pieles, lanas, sedas y plumas conlleva regularmente maltrato animal, y se requiere una legislación fuerte, y una veeduría muy estricta para garantizar que no lo hay. La certificación RESPONSIBLE WOOD STANDARD (RWS)*, por ejemplo, asegura el bienestar de las ovejas desde la cría hasta el producto terminado. Esa es una muy buena herramienta para asegurarte como productor de que las materias primas que vas a conseguir, siguen los estándares requeridos. No está por demás enunciar en este apartado, que la moda circular o ecológica también debe cuidar el recurso humano, horarios flexibles, salarios justos y, por ningún motivo, el empleo de menores de edad. Para los emprendedores interesados en este tipo de negocio, es importante saber que existen unos sellos de calidad para la industria textil como OEKO-TEX o ECOLABEL entre otros, que garantizan la procedencia orgánica de los insumos de la confección**

El tercer criterio de la moda circular o sostenible, se refiere a que sus materias primas deben ser producidas lo más cerca posible de su lugar de manufactura. Si se va a producir ropa ecológica en Colombia, la materia prima debe ser también originaria de Colombia y manufacturada en el país; y esto vale para cualquier país o región. En nuestro país, por ejemplo, de tradición eminentemente agrícola, hay empresarios de la agroindustria con los que se podría pactar la siembra de cultivos de algodón orgánico. Otro actor importante para abastecerse de este tipo de materiales son las comunidades indígenas que producen telas y tejidos orgánicos a partir de telares manuales; comprar su producción no sólo es una opción ambientalmente sostenible sino una práctica socialmente inclusiva. Que las diferentes fases de la producción sean de origen local, es muy importante para evitar la huella de carbono (emisiones de CO2 a la atmósfera. Ver glosario) generada por cuenta del transporte marítimo en el actual comercio globalizado.

El último de los factores enunciados y, por cierto, no menos importante, es el que tiene que ver con el tratamiento de las telas y tejidos. Muchas prendas de vestir en la actualidad son catalogadas dentro de la industria como de “cuidado fácil”, es decir, suaves al tacto, resistentes a las arrugas, a las manchas y a la polilla. Esas características, por supuesto, muy deseables para el consumidor, se logran, sin embargo, mediante la adición de peligrosas sustancias químicas que no solamente son perniciosas para el ambiente, sino que pueden producir todo tipo de alergias y problemas en contacto con la piel***.

Así que una moda sostenible o circular debe priorizar la salud del consumidor y de la naturaleza, sin sacrificar la belleza, la comodidad ni la sofisticación que, sin duda, se pueden compensar con el diseño. Un emprendimiento de moda realmente ecológica debe usar materias primas de la más alta calidad, y propender por la manufactura de prendas naturales, que no se deterioren con el lavado, ni sean adicionadas con sustancias químicas; prendas preferiblemente sin teñir, en tonos crudos, o que se coloreen con tintes vegetales, aunque sean menos estables. Ropa viva, que se arrugue y le pasen naturalmente los años sin perder su realce, y al final de su vida útil pueda volver a ser tierra sin dejar contaminantes detrás suyo.

Una buena marca para este propósito podría llamarse “EN CRUDO” y hacer comercial una moda desprovista de tintes, usable por el reverso y el anverso, de algodones y linos de primerísima calidad para que el paso de los años no la deteriore fácilmente. Eso le daría un toque de nobleza y elegancia que la posicionara en el mercado. Dado que estamos en la era del poliéster, de las telas fabricadas a partir de moléculas de gas y petróleo que, hay que reconocerlo, son altamente competitivas en cuanto a costos, versatilidad y atractivo, las materias primas naturales prácticamente han desaparecido de escena o se han erigido en lujo. El algodón y lino orgánicos son realmente costosos, y se han convertido en un símbolo de exclusividad y, por ende, de difícil acceso en términos económicos.

Aquí tal vez quepa recordar el viejo eslogan “no competimos con precios, competimos con calidad” como una alusión a la industria que hacía las cosas para durar, y en la que lo importante era lograr prendas que mantuvieran su lustre mientras pasaban de generación en generación. Desde luego que todo este detalle y finura en el proceso de manufactura, incrementa los costos de producción y, por ende, el precio final de las prendas, lo que puede hacerte desistir como emprendedor en este campo. En este caso es conveniente echar mano de un recurso teórico y de otro práctico. El recurso teórico es señalarles a tus clientes que lo importante no es la cantidad sino la calidad, y que pueden tener menos, pero mejor. El recurso práctico es recordarles que pueden adquirir el producto a través de sistemas de separado o financiación, haciéndoles hincapié -siempre desde la mayor honestidad- de que el sobrecosto pagado, es simplemente el resultado de ser responsables con el Planeta.

Como detalle final en tu emprendimiento de moda sostenible están las marquillas y los empaques que deben ser igualmente fabricados en tela biodegradable o papel reciclado, y sus etiquetas adheridas al vestuario con cordones asimismo de algodón o yute, evitando todo material plástico.

Respecto a los empaques, lo ideal sería prescindir de ellos, pero en caso de incluirlos, serán igualmente de tela y con un sobrecosto que, preferiblemente disuada a los clientes de querer llevarlos consigo. Después de todo, es una prenda y no un empaque lo que han venido a comprar.

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CAMIONES CISTERNA

De la mano con la propuesta anterior de un supermercado a granel, corre la de una flotilla de camiones cisterna para el embalaje y transporte de víveres y abarrotes. Ciertamente no hay nada nuevo en proponer el uso de camiones con tanques o depósitos para el envío de mercancías. Éstos se usaron para el transporte de leche, vino y aceite, y se usan en la actualidad para el transporte principalmente de combustibles y químicos. Pero dado el auge y versatilidad de la industria de los empaques y las ventajas que trae aparejadas, la mayor parte de los fabricantes ha optado por empaquetar su producción para la venta al detal, y lo más sostenible que suele proponerse, es el uso de empaques de papel* para reemplazar a los de plástico. Pero es aquí donde quisiéramos llamar la atención: si los camiones-cisterna se utilizaron en el pasado para el transporte de alimentos, y se usan en la actualidad para ciertos gases y líquidos, ¿qué impide que los podamos usar para el transporte de granos, harinas, salsas y cualquier otro producto de la canasta familiar? 

Ciertamente no se está proponiendo aquí nada nuevo. Lo que se propone es revalorizar las ventajas de una tecnología ya conocida para el logro de un objetivo ambiental. La mejora que, en términos de disminución de residuos, representaría la instalación de un sistema de cisternas o incluso de big packs (grandes bolsas) retornables para el transporte de materias primas y/o producto terminado, sería astronómica. La capacidad de las cisternas varía entre 5 mil y 50 mil litros o más. ¿Te imaginas cuántos empaques podrían ahorrarse en un sólo viaje? Ello no solamente reduciría costos ambientales sino económicos. No hay que olvidar que la enorme sofisticación de muchos empaques, a veces relacionada con la conservación y alargamiento de la vida útil del producto pero también obedeciendo a la simple estética o a las tendencias del mercado, encarece enormemente su costo final; al punto que muchas veces vale más la envoltura que el propio contenido.

No hay duda que los camiones-cisterna podrían ser la solución a la producción masiva de empaques dada su gran versatilidad y costos comparativos, y podrían convertirse en un negocio lucrativo, en especial, hoy día que la legislación avanza hacia la prohibición de plásticos de un solo uso, y las tasas impositivas hacen viable y atractivo el tránsito a otra forma de distribución. Una oportunidad por demás interesante para las actuales empresas productoras de empaques y conocedoras de la industria de alimentos, que quieran transformar su razón social hacia la distribución sostenible. Un dato interesante en esta dirección es que no se requiere la propiedad de los vehículos como tal. Bajo un modelo de renting o alquiler es posible prestar el servicio de transporte de carga.

Por supuesto, hay varios retos que enfrentar para emprender en este campo. El primero de ellos, tiene que ver con la conservación del producto durante su transporte, esto es, con la preservación de sus condiciones organolépticas, su inocuidad, calidad y demás. De allí que las cisternas o depósitos tengan que fabricarse con recubrimientos internos especiales grado alimenticio para conservar intactas las condiciones y características de los alimentos, y manejar un perfecto protocolo de asepsia para el cargue y descargue de cada producto. Así que quien se quiera medir en este campo, debe poner toda su capacidad técnica e intelectual al servicio de un diseño de transporte que traslade la materia prima desde su lugar de cosecha hasta la fábrica o lugar de transformación, y de allí, como producto terminado hasta el supermercado o lugar de distribución, bajo el eslogan fresco del campo a tu mesa y sin empaques, conservando intactas todas sus características y atributos.

Ese es el segundo reto, el ingreso del producto al supermercado. Y no es un desafío menor, requiere aunar muchas voluntades para concertar el envío, la recepción y el almacenamiento del producto en tolvas o surtidores de los que el consumidor final podrá tomarlo llevando su propio empaque reutilizable. De allí que esta idea de negocio sostenible deba ser articulada con la anterior, pues un supermercado a granel requiere de un transporte en cisternas y viceversa, el transporte en reservorios o cisternas necesita la existencia de tanques dispensadores en los supermercados y tiendas para albergar la carga que transportan.  

El tercer reto importante en este tipo de negocio, es que requiere una compleja logística de transporte para garantizar la carga en todos los trayectos, pues ni es económica ni ecológicamente sostenible que éstos viajen con el depósito o contenedor vacío. Pero justamente hoy que las telecomunicaciones están a la vanguardia, debería crearse -si no existe ya- una aplicación que funcione como una especie de bolsa o central de carga donde cada empresa oferte diferentes cargas para transporte, y los transportadores puedan ajustar el round-trip o viaje de ida y regreso, viabilizando así el servicio. 

*Sobre el uso de papel en reemplazo del plástico, es importante recordar que, aunque aquél es biodegradable, también tiene su propia huella ambiental negativa al demandar recurso vegetal. Para detalles, ver en Blog el post ¿Bolsa de papel o de plástico?

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SUPERMERCADOS A GRANEL

Los supermercados package less o a granel representan una idea obvia en un proyecto que busca reducir residuos. Nos urge una estrategia de compra en la que no se produzca un sólo empaque a la hora de mercar. Imaginamos un gran supermercado con sofisticados y potentes contenedores o dispensadores rellenos con todo tipo de víveres, comestibles, bebidas y demás productos de consumo tanto en estado sólido como líquido, que puedan ser fácilmente accionados por el consumidor para recargar sus propias bolsas y botellas.

No hay duda que la dispensación de todos los bienes de consumo del más variado tipo, desde carnes frías hasta pañales, pasando por granos y abarrotes, aceites, salsas, lácteos, jabones líquidos y cualesquiera otros productos de consumo masivo, incluidos medicamentos, puede llevarse al formato de distribución a granel, generando grandes beneficios ambientales. Por cierto que no se trata de una idea nueva; muchos supermercados cuentan con tolvas para el despacho de granos, cereales y azúcar principalmente, pero la oferta es realmente limitada y los consumidores no son alentados a mercar en este tipo de formato. Quizás los mejores dispensadores son los que algunas empresas han instalado en aeropuertos, terminales de transporte, bibliotecas, colegios y parques públicos para el expendio de diferentes artículos como snacks y aseo personal; el reto ahora es hacerlo extensivo a todos los productos de la canasta familiar y sin empaques.

Se trata de un proyecto ambicioso no sólo desde el punto de vista económico sino de ingeniería por todas las variables que lleva involucradas en términos de inocuidad, practicidad, mercadeo e innovación. Por lo pronto, requiere el trabajo conjunto entre la ingeniería mecánica, electrónica, de producto, de diseño y de alimentos entre otras, a fin de sortear con éxito todos los retos que surjan en el camino para hacer viable una especie de supermercado del futuro, ultramoderno en su concepción y arquitectura, y con toda la variedad, comodidad, practicidad, estética y ética de un proyecto ambientalmente responsable. Si hoy se habla tanto de la responsabilidad social empresarial, es evidente que viabilizar estrategias que alivien la carga que los empaques crean sobre los ecosistemas, debe estar en la agenda de cualquier empresario o comerciante, por lo que también puede reclamar exenciones tributarias contempladas en la ley.

 
El formato de un supermercado de este tipo debe, en primera instancia, pensar en la distribución de los tanques dispensadores dentro de su espacio interior a fin de proceder a su constante recarga de la manera más expedita. Así, puede pensarse en dos formatos complementarios según sea que la recarga se haga por carros cisternas o mediante cartuchos recargables. En el primer caso, los tanques deben ser ubicados uno enseguida del otro, en la periferia del almacén, con la cara frontal mirando hacia adentro y la parte trasera hacia afuera, para que puedan ser llenados por las mangueras desde el exterior a la manera que se echa gasolina a un automóvil, sin interferir con el espacio interno del supermercado. El segundo formato, dispondrá los tanques en un esquema circular en un sólo gran círculo o en varios, a semejanza de las actuales bahías o stands de los supermercados, dejando un espacio o pasillo para que un operario pueda recargarlos desde la parte trasera a través de cartuchos recargables retornables (nada desechable). La ventaja de los cartuchos de recarga sobre los tanques, es que pueden viajar hasta la fábrica para su lavado y posterior rellenado.
 
Los tanques o contenedores, por su parte, deben estar elaborados en acero inoxidable grado alimenticio o cualquier otro material que preserve la sanidad del producto e impida su deterioro. Deben así mismo contar con sensores de nivel que alerten cuando esté próximo a agotarse el contenido a fin de proceder a su oportuna recarga. El mecanismo de dispensación debe asegurar la inocuidad impidiendo que el recipiente llevado por cada consumidor entre en contacto con el tanque dispensador para evitar la contaminación, a la manera como lo hacen los dispensadores de jabón o las llaves de agua en los lavamanos de sitios públicos que, por medio de una fotocelda, permiten dispensar sin necesidad de contacto.

Para facilitar la compra, el supermercado prestará el servicio de lavado y esterilización de envases retornables (siguiendo un estricto protocolo avalado por la autoridad sanitaria) que, desde luego, incluirá dentro de su operación, a fin de mantener siempre envases perfectamente higienizados. Algo completamente factible y a lo que todos estábamos acostumbrados con el consumo de gaseosas o cervezas antes de que llegaran los envases no retornables. Así, cada consumidor entrega en el supermercado (en un punto previamente establecido) los envases para su limpieza y desinfección, y posteriormente se dirige a hacer su mercado pasando por cada contenedor y tomando de la parte inferior, el envase respectivo ya lavado, esterilizado y con un precinto de papel que garantice su inocuidad para proceder a su llenado.

Quizás lo más importante para poner en funcionamiento una iniciativa de este tipo, es crear confianza en el consumidor mediante campañas perspicaces y decididas acerca de las bondades de este modelo de mercado a través de atractivas pantallas en los propios pasillos del supermercado, en los que se muestre desde videos e instructivos sobre cómo mercar, hasta videos sobre la problemática ambiental, ayudando así a cambiar el chip de los consumidores del modelo tradicional empacado al modelo futurista package less (sin empaque). 

Los supermercados futuristas package less son un proyecto ambicioso no sólo desde el punto de vista económico sino de ingeniería por todas las variables que lleva involucradas en términos de inocuidad, practicidad, mercadeo e innovación. Por lo pronto, requiere el trabajo conjunto entre una ingeniería mecánica, electrónica, de producto, de diseño y de alimentos entre otras a fin de sortear con éxito todos los retos que surjan en el camino para hacer viable una especie de supermercado ultramoderno en su concepción y arquitectura, y con toda la variedad, comodidad, practicidad, estética y ética de un proyecto ambientalmente responsable. Si hoy se habla tanto de la responsabilidad social empresarial, es evidente que viabilizar estrategias que alivien la carga que los empaques crean sobre los ecosistemas, debe estar en la agenda de cualquier empresario o comerciante, por lo que también puede reclamar exenciones tributarias contempladas en la ley.

Ahora bien, si el formato de tanques dispensadores parece muy costoso o complicado, también podría pensarse en la dispensación de víveres en empaques retornables con el mismo formato de supermercado que conocemos, pero en la que todos los productos (líquidos, salsas, harinas y demás) vengan en envases de vidrio (que garanticen su conservación) con tapa metálica y precinto de seguridad en papel reciclado, que asegure que no han sido abiertos para tranquilidad del consumidor.

Desde aceites de cocina hasta pastillas de chocolate pueden muy bien compaginarse con este formato, en el que cada comprador puede llevar los envases a casa dejando un depósito extra que asegure que los devolverá para su debido lavado e higienización por parte del supermercado en la próxima compra. El supermercado solicitará al comprador que el envase devuelto no tenga residuos en su interior para evitar sobrecostos en su lavado y esterilización, cobrando una pequeña sobretasa cuando ello no se verifique. Es obvio que tanto productores como distribuidores y consumidores debemos hacer nuestro aporte para aliviar la contaminación.

Para los productos sólidos o que no ofrezcan riesgo de contaminación, viene muy bien desde el punto de vista práctico y estético su presentación directa al público en stands o bahías. Desde jabones en barra, juguetería, artículos decorativos y de cocina, hay un centenar de productos que fácilmente pueden carecer de empaque sin representar ningún riesgo biológico. Whole Foods, la cadena norteamericana de propiedad de Jeff Bezos fundador de Amazon, tiene un amplio portafolio de productos package less (sin empaque) que la han convertido en un ícono para los compradores que quieren mejorar sus prácticas medioambientales.

Lo propio puede hacerse con las frutas y verduras, y para obviar los empaques que no agregan valor a lo que nació, creció y se desarrolló a la intemperie, la mejor manera de preservarlas, es colocarlas a disposición del público en cestas y canastos lo más pronto posible luego de su cosecha; todo lo cual se logra observando un obvio principio de sostenibilidad: preferir lo que menos viaje. Eso implica abastecerse del agricultor local que, bien puede no tener toda la disponibilidad de productos que quisiéramos, pero en contraposición, puede ofrecerlos muy frescos, recién cosechados y a precios más favorables dado que no tiene que cubrir grandes costos en transporte.

Los productos cárnicos que hasta el día de hoy se expenden a granel y deben exhibirse, por supuesto, dentro de congeladores, son también otro ejemplo de lo fácil que resulta para la tienda o supermercado disponer de unos recipientes a los que se les aplique la debida tara (restar el peso del recipiente) al momento de pesar la compra de los clientes, bien sea para que los dependientes del almacén la empaquen en los contenedores plásticos o de vidrio que los compradores lleven para hacer su mercado, o si se prefiere, para entregárselas en un punto definido, para que ellos mismos la reempaquen.

Respecto de ítems como la panadería, galletería y afines, su exhibición en vitrinas que mantengan el producto a resguardo del público pero al mismo tiempo permitan el autoservicio, es una estrategia de mercadeo que en la actualidad funciona bastante bien incluso en supermercados de cadena, y en la que los consumidores pueden abastecerse llevando sus propias bolsas reutilizables de tela.

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Empresa de servicios de compostaje

La primera idea de empresa sostenible que queremos presentar es la de un servicio de compostaje de residuos vegetales para unidades residenciales, colegios, restaurantes, centros comerciales, centrales de abasto y demás instituciones que presten servicios de comedor y generen tal tipo de residuos en grandes cantidades. Una idea obvia dentro de los objetivos de esta página, y que realmente echamos en falta.

Tal vez no lo sepas, pero hay muchísimas personas e instituciones que quisieran ser ambientalmente responsables y hacer algo constructivo con sus residuos biodegradables pero no saben cómo hacerlo, así que estarían dispuestos a pagar un importe por ello. He aquí una oportunidad atractiva para ofrecer el servicio de conversión de residuos en abono. Así, la gente te entregaría su “basura” y al cabo de un tiempo estipulado, tú les devolverías abono para sus plantas.
 
Lo primero que se necesita es una logística de recolección del residuo que incluya capacitación de los clientes para separación en la fuente y recolección puerta a puerta. Ese servicio puedes prestarlo tú mismo a través de talleres o recomendando alguna página de internet. Obviamente puedes recomendar La red sin residuos que es totalmente gratis, y explica cómo recolectar los residuos en la cocina de modo práctico e higiénico sin tener que guardarlos en el refrigerador.
 
Una vez que tus clientes han sobrepasado el primer obstáculo que es atreverse a hacer la separación de residuos, viene el segundo reto: la recolección en el sitio. La recolección de los residuos de tus clientes puede hacerse tanto en cuñetes plásticos como en cantinas (ollas lecheras) de aluminio con tapa hermética. Para facilitarles la tarea, puedes incluir en tu negocio un modelo de recambio de envases. Así, el día que les recoges un cuñete, les dejas otro “nuevo” para que inicien inmediatamente el llenado del segundo. Lo mismo aplica para restaurantes y similares donde el cuñete será reemplazado por un barril o caneca de mayor capacidad.

El servicio de conversión de residuos vegetales en abono, puede prestarse tanto in situ como ex situ, es decir, en el propio lugar donde se producen si hay un espacio verde comunitario para su gestión, como en un sitio externo, si se trata de un edificio, conjunto o institución donde no hay zona verde. En este último caso, se requiere disponer de un espacio rural, sea una finca o parcela y de un sistema de transporte que recoja los residuos y los lleve a su lugar de tratamiento.

Una de las primeras cosas a definir es cuál será el método de compostaje que usarás dado que eso influirá en los tiempos de entrega y la calidad del compost. Por ejemplo, si decides compostar por medio de lombrices, tendrás abono de excelentísimas propiedades en el lapso de 10 o 15 días. Si usas el método estándar de compostaje y maduración de residuos se puede tardar entre 5 y 6 meses. La elección dependerá de tus propias posibilidades y las prioridades de tus clientes, lo que supondría un diferencial en la tarifa.

Como es muy probable que buena parte de tus clientes no estén interesados en recibir el abono al final del proceso dado que viven en casas o apartamentos y no cultivan plantas, lo más probable es que te vas a ir aprovisionando de buena cantidad de abonos y fertilizantes que te convertirán en un productor de agroinsumos orgánicos, con lo que ganarás por partida doble.

El modelo de compostaje de residuos vegetales puede también hacerse extensivo a todos los residuos biodegradables. De hecho, las empresas de aseo que actualmente recogen toneladas diarias de basura indiscriminada en nuestras ciudades, podrían replantear su quehacer considerando una gestión y destino diferente para cada tipo de residuo biodegradable, impulsando desde la fuente su correcta separación, con lo que se evitaría llenar más rellenos sanitarios haciendo al tiempo algo útil con los residuos.

De acuerdo a la clasificación que hemos planteado para la gestión de los residuos biodegradables, éstos se dividen en: vegetales, cárnicos y sépticos. Cada uno de esos residuos pide un tratamiento diferente en cuanto tiene una carga bacteriana característica (que no aconseja su mezcla), y una destinación particular.

Así que el servicio de recolección y tratamiento de residuos biodegradables incluiría tres vertientes diferentes: 

 
  • Compostaje de residuos vegetales con destino a abono

  • Transformación con valor agregado para residuos cárnicos

  • Elaboración de pozos sépticos para residuos contaminados 

Esta clasificación implicaría una recolección selectiva de residuos que podría hacerse en días específicos según lo defina cada empresa. Los residuos vegetales se recogerían en canecas bien tapadas y desprovistas de bolsas (como se hacía antes), vaciando su contenido al depósito de recolección, y llevándolo directamente a una planta de compostaje. Lo propio se haría con los residuos cárnicos en buen estado, y en canecas igualmente selladas para evitar que se derramen o esparzan. 

Hoy día nos hemos acostumbrado tanto a las bolsas, que hemos olvidado que hace 40 años la basura se tiraba simplemente en la caneca y de allí se pasaba al camión recolector. Si tenemos reparos respecto de la asepsia, debemos recordar que las bolsas no cambian nada. El depósito o receptáculo de un camión recolector de basura sigue siendo un ámbito totalmente contaminado desde el punto de vista bacteriológico, y por ende, desaconsejado para cualquier ser humano, y una bolsa no va a cambiar esa circunstancia. Si realmente se quiere promover un sistema de recolección más higiénico, habría que empezar por diseñar un carro recolector y unas canecas especiales, que fueran, por ejemplo, elevadas desde el suelo por un brazo móvil y vaciadas al interior del depósito mecánicamente, mientras éste permanece cerrado. En Estados Unidos, la recolección de la basura opera siguiendo un modelo semejante. La caneca de basura provista de llantas traseras, es arrastrada por el operario y enganchada al depósito del camión recolector que la levanta y vacía su contenido al interior, evitando así que el operador entre en contacto con la basura.

Sea el momento de decir que las canecas elaboradas para este fin deben ser de un material prácticamente indestructible como el metal. Si se fabrican canecas plásticas quebradizas que haya que estar reemplazando periódicamente será más el daño que la mejora ambientalmente hablando.

Ya para la gestión de los residuos sépticos o contaminantes (para enterarte de cuáles son, te recomendamos ir a la sección Adiós a tu basura, clickear Compostaje, y luego residuos sépticos) que requieren de mucho más cuidado por el riesgo biológico que representan, es importante que éstos se desplacen lo menos posible. Así que valdría la pena estudiar la posibilidad de procesarlos in situ, es decir, en el propio lugar donde se producen. 

La empresa recolectora de basura podría ofrecer el servicio de sistemas sépticos en las unidades residenciales atendiendo a la disponibilidad y características de las instalaciones físicas de aquéllas. Aunque la mayoría de los pozos sépticos se encuentran bajo tierra, también se pueden construir sobre el terreno si se cuenta con el espacio debido. Qué se requiera y los detalles de su ejecución para eliminar todo riesgo biológico en su operación, llenado y demás, ya son cuestiones que competen al ámbito de la ingeniería sanitaria.

Y así, con este método de procesamiento de los residuos compostables por parte del prestador de servicios de aseo, el shut de basuras en las unidades residenciales que lo posean, sería de uso exclusivo para el reciclaje, que puede ser recogido por la misma empresa de aseo o por un tercero.

Si eres un emprendedor independiente, también puedes decidir prestar sólo uno o dos de los tres servicios enunciados ya que los tres tipos de residuos pueden tener destinaciones muy diferentes. En el caso de los residuos vegetales, éstos están destinados a convertirse en abono, mientras que los cárnicos pueden ser utilizados tanto como abono para el suelo como para elaborar alimento concentrado o helados para mascotas. Ya en el caso de los residuos sépticos, se trata sólo de su salubre transformación.

Para cualquiera de los tres servicios necesitas conocer la normativa de las autoridades sanitarias dado que son residuos (especialmente los dos últimos) que requieren manejo especializado para evitar problemas de salud pública.

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